Habanecen dos millones de almas en una ciudad de cuyo nombre sí quiero acordarme. Novela o cuentinovela, ésta tiene como protagonista a La Habana, inagotable y múltiple en su secreta geografía: el entramado de calles y casas, ilusiones y angustias, donde los hombres buscan las puertas y las llaves para salir del laberinto de sus vidas. Habanecer es una fiesta del lenguaje, del color, el olor y el tacto; un pulso contra la supervivencia; la belleza y el ritmo frenético de un mundo triturado por una ambición de poder que en su camino no perdona a la ciudad de los hombres. Un sueño convertido en pesadilla. Pero la ciudad tarde o temprano reencarna en obras prodigiosas como ésta. Con la amargura y la belleza en la mirada, cada lector habanece al cabo de su lectura; haber estado en un mundo que desaparece sin remedio, un sueño astillado, el escenario que se construye con los escombros de su propio espejo de grandeza, deja siempre su huella.
En ‘Habanecer’, Luis Manuel García Méndez quiere cumplir de nuevo un antiguo sueño de la novela: comprimir el mundo en el espacio de una ciudad, en la duración de un día, en las páginas de un libro donde la Habana se convierte de nuevo en una de las capitales de la imaginación. Este libro es extraordinario. Antonio Muñoz Molina
Lo que ratifica la imposibilidad de este libro es que en última instancia trata de descifrar un oculto metabolismo de la ciudad, una espiritualidad habanera que no puede blasonarse ni enarbolarse ni consignarse casi. (...) un intento espléndido con afán de totalidad y con aciertos y sorpresas que se van sumando página tras página. He ahí lo mucho que debe agradecer el que leyere un libro como éste, que se afana con un imposible. Confieso que de Habanecer me queda el deslumbramiento, y eso es lo que trato de compartir con ustedes. Reinaldo Montero
"Las palabras atraviesan la piel. Oiga, compadre. Atraviesan el saco, la membrana. Qué hora de almuerzo ni merienda. Atraviesan el líquido amniótico. Mire, arranque pal hospital, que mi mujer no va a parir en la calle. Y llegan a tus oídos, aún protegidos, o casi, contra las inclemencias sonoras del mundo."